¿Es la gente el activo más valioso de la empresa?



Por Salvador E. Rodriguez Gonzalez


Recuerdo a mi primer profesor de microeconomía (QDDG), cuando con mucha elegancia me decía “los factores de producción son: tierra, trabajo y capital”. Conociendo su sed de actualización profesional, estoy seguro que habrá modificado ya esa lista e incluido “conocimiento” “mente de obra” “capital humano” “intangibles” o cualquier nombre que asignemos, al saber en la empresa o al conocimiento, como factor de producción.

La globalización ha puesto en evidencia que las empresas y países, sólo pueden ser competitivos de manera sostenible, cuando incluyen el conocimiento como factor de producción y agregan “mente de obra” a la “mano de obra”. En los países en desarrollo, han sido las relaciones políticas, los círculos de poder económico y la cultura del vivo, las que han prevalecido en los negocios, sobre el valor del conocimiento, por lo tanto, un cambio de estructuras mentales y organizativas se impone, si queremos insertarnos en el nuevo mundo globalizado.

Desde finales de los años 80’s, cuando inicia el desarrollo de las TIC’s, y las Pc’s invadieron a las organizaciones y los hogares, crecieron exponencialmente las facilidades para almacenar y compartir grandes cantidades de información y a bajo costo, lo que facilitó la generación y transferencia de conocimientos; igualmente las posibilidades del trabajo Sinergético se multiplicaron, mediante el trabajo en equipo y desaparecieron las distancias.

Los cambios en los mercados locales debido a la globalización, se reflejan en la innovación acelerada de productos y servicios; que presionan a las empresas a: generar nuevos productos y servicios; reducir precios; customizar productos y servicios según necesidades del cliente; ampliar su ámbito mercado-producto…etc. todo esto, exige mayor eficiencia y efectividad de las empresas y para lo cual, el conocimiento se vuelve un factor clave. El conocimiento tácito, ese que la gente desarrolla mediante la práctica diaria y cuando soluciona los problemas que enfrenta; también incluye otros elementos, como la intuición desarrollada en el tiempo y las ideas propias de la gente. Más vale el diablo por viejo, que por diablo, reza un refrán. 

El conocimiento explicito por su parte, es el que puede documentarse y transmitirse mediante palabras o números; que reflejan las buenas prácticas desarrolladas por la empresa y que se almacenan en manuales, bases de datos y archivos electrónicos. Podemos deducir entonces que las organizaciones deben convertir en explicito, todo el conocimiento tácito que desarrollan y luego, debido al cambio constante, convertir en tácito, su conocimiento explícito. Aprender y desaprender es la clave. 

En síntesis, solo mediante la gestión sistemática de conocimientos, las organizaciones pueden tomar el liderazgo en la creación de nuevos productos, procesos, servicios, formas de comercialización y métodos de trabajo. Este es el fin de la Innovación, generar capacidades únicas en la empresa, para dejar de competir vía calidad y precio únicamente. En una oportunidad, leí un artículo, cuyo origen no recuerdo, que incluía este interesante párrafo:

“Si supiéramos lo que sabe nuestra empresa, entonces podríamos satisfacer mejor los deseos de los clientes, ofrecer productos innovativos con antelación, reaccionar más rápido a los cambios del mercado y aumentar nuestra productividad. Es decir, podríamos ser mejores en menos tiempo”.

Hacer inventario de conocimientos disponibles en la empresa, maximizar el uso, desarrollar nuevos y sistematizar su aplicación, es el secreto del líder moderno. Debemos realizar que solo el ser humano tiene la capacidad para analizar, revolucionar, reinventar, y emprender; es el agente de cambio, que al modificar sus paradigmas y utilizar su conocimiento, puede colocar exitosamente a las organizaciones en el nuevo escenario global.

¿ES LA GENTE? EL ACTIVO MÁS VALIOSO EN LA EMPRESA. La respuesta es suya. 






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