Por Salvador E. Rodríguez González
Lo único seguro en el mundo moderno, es el Cambio constante y universal; por ello, seguir viendo el Cambio como algo limitado a nuestro radio de influencia y no como algo global, nos lleva indefectiblemente a desaprovechar oportunidades y a ser presa fácil de los problemas naturales que genera un mundo en constante Cambio; Ichak Adizes asevera que:
“ningún Cambio llega solo, siempre trae Problemas, pero también Oportunidades, como dos caras de una misma moneda”.
El Cambio en los mercados locales, generado por la Globalización y las tecnologías emergentes, está destruyendo empresas y el esfuerzo de muchas generaciones; los paradigmas de gestión que dieron éxito en el pasado, resultan incapaces para solucionar los nuevos problemas; el empresario actual, se encuentra con una problemática más compleja cada día: ¿cómo enfrentar esta nueva realidad? Y a la vez ¿cómo dejar de lado sus habilidades gerenciales, desarrolladas en el tiempo y en un contexto diferente?
No debemos esperar resultados diferentes, si hacemos lo mismo que siempre hemos hecho; por lo tanto, APRENDER nuevas formas de hacer las cosas es la única salida; lo primero que hicieron los japoneses para iniciar su despegue después de la segunda guerra mundial, fue aprender nuevas formas para gestionar sus empresas; más de 4000 empresarios y ejecutivos salieron a USA y Europa, a conocer nuevos métodos gerenciales y sus efectos no se hicieron esperar.
Si observamos nuestra realidad de negocios actual, encontraremos condiciones cambiantes cada día, tales como: la competencia incrementa y las condiciones para hacer negocios se modifican drásticamente; los mecanismos de gestión que fueron exitosos en el pasado, comienzan a fallar; el tipo de problemas a enfrentar son más complejos cada vez; las decisiones estratégicas deben ser oportunas y eficientes, si se quiere aprovechar las nuevas oportunidades de negocios; por otro lado, los recursos cada día son más escasos; los clientes exigen más calidad y bajos precios; las TICs facilitan el acceso a opciones ilimitadas…etc. este cambio radical de escenarios, obliga a modificar paradigmas de gestión y a generar nuevas actitudes hacia el aprendizaje constante y manejo del cambio; lo cual choca con la Cultura Organizacional conservadora desarrollada en el tiempo, dentro de la empresa tradicional.
El nuevo mundo de los negocios exige a las empresas: creatividad, velocidad, integración y cambio constante; para ello no estaba preparada la empresa jerárquica tradicional y requiere modificaciones urgentes para enfrentar estos retos; sin embargo, los cambios no pueden lograrse de un día para otro, exigen un proceso sistémico de modificaciones, que rompa esquemas individualistas tradicionales y logre crear una nueva cultura orientada al uso de la sinergia organizacional y aplicación del conocimiento, como factor estratégico de competitividad.
En la empresa tradicional, es normal que la creatividad se concentre en el fundador y en los niveles superiores de la jerarquía, pero la acción sucede en los puntos más distantes, en el mostrador; aquí la toma de decisiones se vuelve lenta, mientras los cambios aceleran su velocidad en el entorno; es entonces necesario modificar los procesos de toma de decisiones, incorporando más gente al proceso y con autoridad, para solucionar las inquietudes del cliente.
A nivel personal, cada día iniciamos nuestra jornada, con algo distinto que impacta nuestra rutina y ello nos exige desarrollar procesos creativos, para adaptarnos a las nuevas situaciones; sin embargo, la frecuencia y complejidad de los Cambios que nos afectan, reducen nuestra capacidad de reacción en el tiempo, y su velocidad nos resta efectividad; no estamos acostumbrados a enfrentar tantos problemas, en tan corto tiempo; por ello, la desintegración nace en forma natural, ya sea en las personas, familias, empresas o sociedades; igual que la maleza en un lindo jardín, no necesitas sembrarla y abonarla, crece sola.
Integración es la solución para enfrentar el Cambio, familias, empresas y sociedades integradas enfrentan mejor las crisis del entorno; la fortaleza o debilidad de las empresas para aprovechar las oportunidades del mercado y resolver sus problemas, está en función de su nivel de integración interna ¿Por qué? La desintegración de un sistema, genera desperdicio de energía en su operación normal, por lo tanto, si aceptamos que la energía en cualquier sistema es limitada, su desperdicio debilita al sistema total, para cumplir su razón de existencia. El éxito o fracaso inician al interior.
Reconocer la necesidad de un cambio radical en la gestión de nuestras organizaciones es el primer paso y no es que nuestros líderes sean incompetentes, es que los escenarios han cambiado, exigiendo nuevas habilidades a líderes y organizaciones, para lograr el éxito; hoy aprender a aprender se vuelve obligatorio y la mejora continua un hábito a desarrollar en toda empresa competitiva.
Reconocemos que cambiar hábitos es lo más difícil para el ser humano, porque exige un sacrificio, que solo puede sostenerse, si se ven pronto los beneficios.
Gestionar el cambio con efectividad y eficiencia, debe orientar nuestra nueva filosofía de vida.
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