Educación Superior y la Competitividad

Por Salvador E. Rodríguez González

En un congreso sobre Educación Superior, escuche al Secretario Técnico de la Presidencia de El Salvador, reclamar a las universidades, la deuda con el país que sobrellevan. Enfocaba especialmente la falta de proyectos de investigación y la pérdida de capacidad de discusión sobre los problemas nacionales. Llamo mi atención, que no menciono el impacto que el actual sistema educativo y particularmente la educación superior, ejercen sobre la competitividad del país y sus organizaciones. Aunque el Foro Económico mundial establece doce criterios para medir la competitividad de un país; señala entre las claves para dinamizar la eficiencia de las economías, la Educación Superior y la capacitación, como el primer criterio.

En busca de soluciones inmediatas para elevar la competitividad, mucho dinero se gasta en apoyar a las empresas con: información y patrocinio de misiones comerciales; capacitaciones a empleados; subsidios y financiamiento no reembolsable…etc. pero no se aborda con suficiente profundidad, la calidad de la educación superior y los efectos que genera en las organizaciones públicas y empresas privadas. Si de manera simplista nos preguntamos: ¿De quién depende la calidad de gestión de nuestras organizaciones? La respuesta es obvia, de sus líderes y ¿la calidad del profesional que lidera nuestras organizaciones y del capital humano que dispone? Lógicamente de las universidades, en mayor medida. Por lo tanto, disponer de buena calidad en educación superior, es una obligación, más que necesidad.

El impacto de la buena o mala formación universitaria, sobre el nivel de competitividad que presenta un país, es directo y de corto plazo. En un mundo donde la generación del conocimiento acelera y donde su acceso y aplicación se facilita como nunca en la historia de la humanidad, lo primero a cambiar debe ser la calidad de la educación superior. Todos los países fincan su adaptación al nuevo mundo, en la trilogía: Gobierno, Sector Productivo y Academia. Las universidades siempre han reclamado, que gobierno y empresarios no les definen el perfil del profesional que necesitan y que por ello mantienen programas desfasados y producción mediocre de profesionales; todavía no se han dado cuenta que hoy son ellos, quienes deben tomar la estafeta y dirigir al país, en el camino al desarrollo. Estamos claros que este nuevo rol debe ganarse, pero a la vez exigirse con acciones, más que discursos o campañas publicitarias

EDUCACIÓN SUPERIOR Y LA COMPETITIVIDAD 

¿Podrá ser competitivo un país, que desperdicia sus escasos recursos? ¿Qué no valora el conocimiento, como factor de competitividad? Nunca. Debemos tomar conciencia que vivimos en un mundo donde los bienes y servicios se innovan cada minuto, gracias a la tecnología emergente y a los sistemas dinámicos con que se gestionan las organizaciones. Hoy el capital humano, en muchos casos supera el valor de los activos tangibles y el dinero que posee una organización. Seguir con el paradigma que la empresa enseña y la universidad da el título, destruye la capacidad de competir en el mundo globalizado. 

Las universidades y la competitividad el país, son dos caras de una misma moneda en este nuevo mundo del conocimiento y la innovación; todos debemos contribuir a superar la calidad de nuestras universidades, si queremos tener un país que supere los límites del subdesarrollo y mejore nuestra calidad de vida. No busquemos culpables, cambiemos de actitud, el éxito comienza en nuestro interior.

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