¿Por qué siempre echamos la culpa a la gente?

Por Salvador E. Rodríguez González

En una ocasión, llegue furioso a una ferretería, a cambiar un material que un empleado había equivocadamente comprado. “Estos @#amp;+ nunca entienden nada…” me quejaba ante el dependiente, quien con suave voz me respondió “demos gracias a dios que hay gente así, pues gracias a ellos, nosotros estamos bien”. Después de 16 años de trabajar en la transformación organizaciones, cada día compruebo, que los resultados no solo dependen de la gente. En una oportunidad escuche al Dr.Ichak Adizes decir: “Los médicos entierran sus errores, los gerentes, despiden a la gente”.  

En las organizaciones son más las quejas sobre la incapacidad de la gente, que sobre sus fortalezas; aunque siempre ha sido así, hoy las capacidades de la gente se ponen a prueba en cada minuto; el cambio acelera y los problemas que le acompañan crecen exponencialmente, superando las capacidades personales, para solucionarlos. Hoy los líderes deben dejar de ver a la gente y reconocer que la estructura de responsabilidades, la estructura de autoridad y la estructura de recompensas son igualmente importantes, que la calidad de la gente. 

No podemos responsabilizar a alguien de un resultado esperado, si no se lo hemos definido claramente; si no le damos autoridad suficiente, sobre el uso de los recursos necesarios para cumplir la tarea asignada; si no le garantizamos una recompensa justa y proporcional al sacrificio exigido. Has notado que cuando la gente ingresa a una empresa, llega con toda la intención de aportar sus capacidades, en beneficio de la organización; llega motivada y con entusiasmo. Te has preguntado alguna vez ¿Por qué al poco tiempo de laborar, la gente pierde ese brillo y motivación? Porque el sistema se los destruye. Llamo sistema a la estructura, los procesos de toma de decisiones y la misión institucional que orienta el accionar de las personas en el trabajo. Representan la caja negra, que los líderes no se atreven a limpiar y que cada día se vuelve más negra y más difícil de culpar. La gente es tangible, por lo tanto es más fácil culparles, que reconocer las fallas en algún componente del sistema.

La anécdota escrita por Shoham Adizes en un documento interno, ilustra mejor la anterior aseveración: 

Un hombre está manejando a su casa desde los bares, a altas horas de la noche. En su camino a casa, él ve a un amigo caminando por la calle con la cabeza hacia abajo, buscando algo.

"¿Qué buscas?" preguntó.
"Perdí mi anillo", se quejó.
"Permíteme ayudarte a buscar", y el hombre salió de su auto y comenzó a buscar el anillo de su amigo. Después de un tiempo le pregunto, "donde perdiste tu anillo?"
"Abajo en la esquina," respondió, señalando al final de la calle.
"Entonces ¿por qué estás buscando aquí?"
"Porque allá no hay luz, es aquí donde está el farol de luz de la calle..."


Cambiemos el sistema bajo el que las personas laboran y tendremos resultados diferentes. No siempre la gente es culpable, la organización tiene más que aportar. 
“No golpees la cabeza de la gente, para lograr un mejor resultado, organízale mejor su trabajo” dijo Peter Drucker. 
Cuánta razón tenía.

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