Por. Salvador E. Rodríguez González
"El propósito final de la existencia de cualquier organismo o sistema, llámese persona, familia, empresa, país o universo, es la Integración de sus componentes, para cumplir una misión determinada, que debe ser, la satisfacción de necesidades o la solución de problemas a otros."
Ichak Adizes
Nada existe en el mundo, que no sea para servir a algo o alguien más, interrelacionándose funcionalmente con ese algo. Nada existe solo para servirse a sí mismo. La habilidad de cualquier sistema para funcionar, debe evaluarse por ¿cómo sirve a sus clientes o usuarios? ¿Cómo cumple la razón de su existencia? Debemos realizar, que detrás de cada disfuncionalidad o problema en un sistema, con seguridad siempre hay una relación que no funciona entre sus componentes y la solución es, hacer que la relación funcione, integrando sus partes.
¿Por qué siendo la integración una condición natural, nos empeñamos en desintegrarnos?
Personas, familias, organizaciones y sociedades, realizan a diario más acciones para desintegrarse, que para mantenerse integrados; un amigo médico me decía: “la gente viene en busca de medicinas que no toma, dietas que no cumple, consejos que no practica…como que buscan suicidarse, más que curarse”. Revisemos nuestra rutina diaria y veremos cuánta razón tiene mi amigo. Aunque son muchas las causas que provocan desintegración, quiero enfatizar en dos de ellas: El Cambio y los Intereses Individuales.
¿Cambio? Aceptemos que siempre un cambio viene acompañado de Problemas y Oportunidades, como hermanos siameses. También que nuestros recursos y capacidades son limitados y no crecen en igual proporción, al crecimiento de las oportunidades y los problemas; por lo tanto, entre más tiempo tardemos en aumentar nuestras capacidades y en reducir el desperdicio de recursos, más vulnerables seremos a la desintegración, que genera en nuestros sistemas, esta condición deficitaria creciente, entre capacidades y los problemas y oportunidades.
¿Intereses individuales? es licito que cada elemento de un sistema, llámese familia, empresa o país, tenga sus propios intereses, lo ilícito es que por alcanzarlos, cause daño al sistema total; como aquel egoísta que habiendo naufragado el barco y sentado en un bote de rescate, taladra un hoyo bajo su asiento para ponerse a pescar y ante las miradas amenazantes de los demás expresa: ¿Que miráis? este es mi espacio, no el vuestro y puedo hacer en él, lo que yo quiera”.
Cuando vemos personas destruyendo su cuerpo, con bebidas y comidas en exceso; familias practicando el adagio popular “candil de la calle, oscuridad de su casa”; empresas boicoteadas desde adentro por sus empleados y en muchos casos, por sus mismos propietarios y familiares; países pobres, siendo saqueados por sus líderes políticos, quienes enriquecen a costa del hambre de un pueblo…etc. No hay más que darle a Mafalda la razón cuando dijo: “El hombre es el animal menos racional, del reino animal”. Porque no es de seres racionales, ignorar que pertenecemos a un sistema mayor y que solo somos un elemento del mismo, por lo que cualquier daño que le causemos, tarde o temprano nos pasara la factura y que por otro lado, si todos cumplimos nuestro compromiso con el sistema, aportando lo mejor de nosotros, se fortalece el sistema y nos beneficiamos individualmente.
Conscientes de que la integración fortalece a un sistema, los romanos practicaron el “divide y vencerás”, como fórmula para debilitar y dominar pueblos; en la era moderna, los políticos y grupos hegemónicos del poder, lo usan para mantener sus privilegios y someter a los pueblos.
Comprendamos que naciones grandes, tienen pueblos sin hambre y empresas fuertes.
¿Cómo lograrlo? Integración es la solución. Inicia contigo respondiendo a las preguntas: ¿Cuál es mi razón de existir? ¿Por qué me tiene dios en este mundo? ¿Qué misión cumplo?
Sin duda comprobaras que, como dijo Ichak Adizes:
"La relación e interrelación, es el propósito último de nuestra existencia."
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